Las doce no llegan
A las doce menos uno el reloj del ayuntamiento se atasca. Una mano gigante viene a arreglarlo, el minutero se le vuelve brocha y el pueblo entero, con su pregonero, se desvive por llegar a las doce y a la fiesta. Pintado a pinceladas sobre toda la fachada, con música de Haydn y efectos.